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El mal, lo podríamos definir como todos aquellos actos e intenciones así
como eventos impersonales, que provocan directamente o indirectamente
sufrimiento a un ser.
Existen dos clases de mal:
-
El mal natural, que corresponde a todo aquello en lo que el hombre no
tiene injerencia (terremotos, erupciones volcánicas, descargas eléctricas
naturales, etc.).
- El mal moral, se debe a la conducta de seres con libre
albedrío, en los cuales varía el estado de consciencia de lo que hacen, y
también la valoración del derecho de los demás.
Para los ateos e irreligiosos, el mal es un producto de la misma vida
natural, y derivado de cuestiones sobre todo de índole cultural y económico. El
sufrimiento que causa el mal, cuando no se puede aniquilarlo al menos en
lo personal, se lleva como una cruz con amargura, y en el mejor de los casos,
es envuelto con paliativos superfluos, para mitigarlo.
El ateo o irreligioso, no le pregunta a Dios el porque del sufrimiento
(si se descubre haciéndolo, es que al menos no es ateo), como el Job bíblico;
al que le pasa la factura es generalmente a los creyentes, a quienes fustiga
con frases del calibre de “¿donde está tu dios de amor, que no hace nada para
remediar esto?”
Las religiones o filosofías que no contemplan a un Dios rector o
protector, como el budismo o hinduismo, el mal sufrido en esta vida es el
producto de tener un karma “dañado” con la maldad de vidas pasadas. La solución
es el buen comportamiento, el obtener sabiduría, y la fe en una vida después de
la muerte, más benigna de acuerdo al Karma “logrado”, en las vidas pasadas.
Para los creyentes el mal y el sufrimiento es un tema un tanto
delicado, y para abordarlo debidamente, es menester recurrir al pensamiento
filosófico, y al ejercicio teológico del que principalmente emergen las teodiceas,
que no tienen otro fin que el de proveer una explicación desde una perspectiva
religiosa del mal, salvaguardando los intereses o los motivos doctrinales.
Para Platón (filósofo griego), por ejemplo, el mal es todo lo que esté
en desarmonía con la naturaleza, con el hombre, y consigo mismo. El mal natural
sería una “sombra”, el mal moral producto de la ignorancia del hombre. Dios
queda exento de autoría del mal.
George Hegel nos habla de que el mal en realidad, es un bien en proceso
de formación, que es posible apreciarse en ocasiones desde una vista macro. Para
el, la solución al mal es la educación y la socialización de la humanidad
(solidaridad). El mal natural aquí, es visto como una parte de Dios, que le es
incontrolable.
Una idea interesante es la del teólogo cristiano Karl Barth, para él, mal es la “oscuridad” que no se encuentra en la creación, pero es
permitido provisionalmente por Dios, como instrumento para hacer camino
hacia un mundo final, moldeado por la verdad de Cristo. De esta manera el
mal no es obra de Dios, sino anulado por el. Es como cuando una linterna
alumbramos e irrumpimos en un cuarto oscuro, y terminamos encendiendo la luz
principal.
Podemos llenar cuartillas y cuartillas, con opiniones diversas, pero es
difícil concebir una teodicea capaz de aportar una verdad concreta sobre el
problema del mal. La misma Biblia no creo que resuelva o esclarezca el
dilema; pero si nos da el camino para aliviar sobre todo al corazón de un
creyente atormentado:
- La Biblia nos señala el origen del mal: el pecado de Luzbel, que hechiza
todo el orden creado.
- El sufrimiento del hombre, al menos literalmente, La Biblia señala que
tiene su origen en el abuso de su libertad de la pareja primordial.
¿Es responsable Dios indirectamente del mal, al dar libre albedrío a
Lucero y a Adán y Eva?.
Si Dios buscaba le sirvieran libremente, es necesario el dote del libre albedrío
lo que le quitaría responsabilidad; porque de hecho ¿para que quiere un
Dios de amor, el amor y servicio de “máquinas” orgánicas o espirituales?.
Creo que llegamos al punto de saber que el mal nos lastima la vida, y es en
esta vida, y por el momento, en que quisiéramos entender como un Dios activo y
de amor, permite que los inocentes, los no pecadores, y los justos sufran.
Veamos este pasaje bíblico: Juan 9:1-3
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó , éste o sus
padres; para que haya nacido ciego?.
Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de
Dios se manifiesten en el.” . Seguidamente lo sanó.
Si terminamos de leer el capítulo del libro bíblico, sabremos que el
pasaje ilustra como el sufrimiento no es consecuencia necesariamente del
pecado, y sobre todo como es aprovechada la circunstancia, para instruir a los
discípulos, el como el sufrimiento y la ceguera en realidad, es la incredulidad.
Le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta:
- ¿Dónde está Dios cuando un pequeño muere de hambre?, ella respondió:
- Dios está ahí, sufriendo con el pequeño.
Si pensamos en los inocentes y justos
sufrientes, seguramente no tenemos una solución que nos pueda ilustrar totalmente
sobre esta "injusticia"; porque se redunda y se llega a los ejemplos
bíblicos como el de Job, que va y se pierde en los designios de Dios, de lo que
podemos especular lo siguiente:
Que los servidores de Dios (criaturas
celestiales), encarnen en los inocentes futuras víctimas del sufrimiento
natural, y moral (sacrificio), como un medio de instrucción para determinadas
personas, y en ocasiones el mundo entero.
Quizá lo único verdadero que podemos saber, es que la sola vida material
es sufrimiento, y con nuestra actuación, quizá logremos hacer menos mal.
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