Es interesante, el como Friederich
Nietzsche encuentra aceptación, respaldo, y acogida en ciertos círculos
juveniles, y de ateos adultos. Por una parte, seguramente en los primeros
nombrados, tiene mucho que ver ese hablar autoritario con tono de guru en que
habla de cosas que golpean lo establecido, que puede ser visto o interpretado,
como revolucionario. En los círculos de ateos, seguramente es porque intenta
desechar a Dios, y calzar al hombre con unos zapatos que en verdad le quedan
grandes.
Nietzsche,
sigue los mismos caminos e instrumentos ya conocidos de los mitos legendarios,
aunque “vestidos” de postmodernidad; para ofrecernos e invitarnos a apegarnos a
una “verdad” que es inmaterial y ciertamente con etiqueta de concepto
trascendente. Con ello, me refiero al mito o doctrina que el llamara “Profecía
del eterno retorno”, que vino a concebir en un paseo dado por el lago
Silvaplana, entre el bosque y al amparo de una roca en forma de pirámide.
Nietsche. Al meditar, de pronto le asalta un pensamiento (revelación), que
llega a “concretizar” en que existe un nuevo centro de gravedad: “El retorno
de lo idéntico”:
“Todo se desintegra y se reintegra;
eternamente se construye el mismo edificio del ser. Todo se separa, todo se
junta de nuevo, eternamente permanece fiel a si mismo, el anillo del ser”.
En
boca de un sentencioso y sabiondo Zaratustra (libro de Nietzche; “Asi hablaba
Zaratustra), pone precisamente una presunta “verdad abismal” (el retorno de lo
idéntico), y corre delirante a internarse en el hospital psiquiátrico, en que
escribe aquí y allá, de varios temas. Entre lo escrito esta “El Anticristo”,
que subtitula “La transvaloración de los valores”, para después tacharlo y
escribir “Maldición sobre el cristianismo”; hecho que viene a descubrir la
verdadera cara e intención de Nietzsche que es la de un Pilatos condenando al Cristo,
con un alma no romana; sino judía.
Es
relativamente fácil darse cuenta el como erróneamente Nietzsche piensa que los
valores tradicionales modernos de la sociedad occidental (los cristianos), han
dejado de ser efectivos en el hombre, y por ello proclama la muerte de Cristo
(de Dios). Nietzsche lanza un proyecto de hombre autónomo, con capacidad de
creación de valores (voluntad de poder), que viene a ser algo visiblemente
quimérico (superhombre), como lo sería su mismo vocero (Zaratustra), que diría
a los cuatro vientos:
“Yo trazo círculos y fronteras
sagradas; cada vez es menos el número de quienes conmigo suben hacia montañas
cada vez mas altas, yo construyo una cordillera con montañas mas santas cada
vez”.
En
ocasiones, vemos al mundo, y no nos gusta, eso es lo que le pasó a Nietzsche,
el dilema es que en su enojo, escribió y tuvo la suerte de expresarse un
poquillo complicadamente: lo que ha ocasionado que sus seguidores interpreten a
su manera, y de varias formas, sus escritos y otros más, que es posible lo
enaltezcan sin entenderlo. Para
mi, Nietzsche es un soñador que murmuraba de continuo disgustado, y que en
realidad, tenía una gran duda sobre la trascendencia del hombre, y en su
capacidad para ello. Nietzsche mismo se lamentaría en una de sus obras: “Humano…
¡demasiado humano!”, refiriéndose al hombre universal.
El
desconocimiento de Nietzsche de los valores morales cristianos, como algo
válido, y aplicable; ciertamente los abona a la imaginación del hombre, el cual
asigna sus causas a Dios al espíritu, etc. En
cambio a ello, Nietzsche propone un prototipo que habla de transmutación de
valores, que creo descansa no precisamente en la reflexión, y en el análisis de
lo que conviene como humanidad; sino lo hace implícitamente en lo que llama “voluntad
de poder”, que encierra en buena manera un ingrediente de visualización de
fines, sin medir en gran medida los medios. Pienso
que Nietzsche, se horrorizaba de manera pesimista; de ver el recurrente
acontecer de los mismos errores humanos en la historia (Eterno retorno), y a
falta en realidad de una buena fe en el hombre, construyó un atractivo ideal
(alimentando el ego), que por lo mismo se convirtió en mito sobre todo con la
ayuda de las filosofías materialistas, de muchos de hoy.
Lo
importante de todo ello, y en el peor de los casos, es saber que aunque los
valores cristianos hubieran nacido solo de la reflexión humana, estos en
esencia (no en algunas maneras particulares de aplicación), son buenos y
enaltecen al hombre. En
cambio Nietzsche, le dice al “superhombre” en boca de su personaje Zaratustra:
"Vosotros, hombres superiores,
¿creéis que estoy aquí para rehacer bien lo que vosotros habéis hecho mal? Es
preciso que perezcan cada vez más y los mejores de vuestra especie... Sólo así
crece el hombre hacia la altura"
Para
mi es claro que lo que ofrece Nietzsche, en buena manera y tiranizando las
expresiones; para que se note y sea claro, es una “centralización” en el poder
(poder sobre otros, y sobre uno mismo), que no es otra cosa sino el regreso en
gran medida a la animalidad; ya que el refinamiento en los caracteres de que
habla de la "masa" que compondría al hombre superior, es totalmente utópico,
subjetivo y claro; solamente una construcción mental.
La
dedicación de Friederich Nietzsche escrita en su libro “Así habló
Zaratustra”, fue: “Un libro para todos y para ninguno”, creo que podemos
adivinar que encierra un dejo de advertencia, y duda de si mismo; si sabemos
ver el como las filosofías que han intentado tomar el mundo y la vida del
hombre bajo su propia autoridad, con su fracaso; siempre han terminado
llevándose cautivas a si mismas…a la obediencia y palabra de Dios. (Ver
2 Corintios 10 4-5)
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Ficha biográfica.
Friederich Nietzsche, nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken,
Prusia. Su padre, un pastor protestante, falleció cuando él tenía 5 años, por
lo que fue educado por su madre en una casa donde vivían su abuela, dos tías y
una hermana. Estudió Filología Clásica en las universidades de Bonn y Leipzig,
y fue nombrado catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Basilea en
1869, cuando sólo tenía 24 años de edad. Su delicada salud (estuvo afectado
toda su vida por problemas de visión y constantes jaquecas) le obligó a
abandonar la docencia en 1878. En 1889 sufrió una crisis nerviosa de la que
nunca se recuperó. Falleció en Weimar el 25 de agosto de 1900.