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Sobre estas fugas, es difícil establecer lo que es “malo”, lo que es
“bueno”, lo que “degrada”, lo que lastima la esencia del ser humano; porque
todo ello va embonado al reconocimiento de valores, con lo que se presta para
ser remitido como algo subjetivo, y además creer tomando algunas referencias
históricas, que son tabúes y que es “saludable” romperlos. Estas conductas
llevan consigo todo un sistema de “predicación” (húndete junto conmigo), que
hoy día ya trasponen las puertas de la conciencia, “gritando” a los cuatro
vientos y exhibiendo con júbilo las miserias personales, y quizá picando el
amor propio de otros; al hacerlos sentir tímidos, atrasados, retrógrados, o
vaya…poco modernos.
Es de lo más usual, que los integrantes y cautivos de una cultura
decadente sientan en sus vidas un vacío, y para remediarlo quizá vuelvan una y
otra vez a las tiendas a comprar desenfrenadamente, o busquen afanosamente
“nuevos” placeres sexuales que les aporte emoción en su vida. Pero sabemos que
una y otra vez esa sensación de vacío vuelve a aparecer, y es claro todo ello
en realidad son acciones derivadas de ansiedades compulsivas, que creo componen
todo un cuadro patológico de una sociedad culturalmente decadente.
Gloria Fuentes (Artículo: La sociedad compulsiva – Revista “Médico
moderno” – Sep-2004.), explica:
“Los comportamientos compulsivos se
han ido apoderando de nuestras sociedades, obligando al hombre a competir y
ganar sin importar el costo para lograrlo. De tal manera la frustración y el
conflicto se han vuelto parte de la vida cotidiana, degradando a los seres que,
sin remedio, se hunden en inercias despersonalizadoras que llevan a la
masificación, hacia el terreno donde se ha perdido toda capacidad analítica.”
En otro orden de la vida, también vemos huellas de lo que ocurre con el
arropamiento y “deslumbramiento” tecnológico de la sociedad occidental, como es
el caso de la religión, que ha sido prácticamente relegada de la vida diaria de
las personas, y confinada a los templos y sus horas de "servicio", o
el desinterés por la Filosofía y el Arte, que tantas veces las vemos ocupar
asignaciones de "rarezas", y de pasatiempos curiosos.
Es de saberse que lo físico y lo material, se apoderó de las sociedades
desde el siglo pasado, y ella le rinde culto y tributo sobre todo en tiempos
actuales, siendo muy palpable que hoy día, podemos ver los resultados en lo que
yo opino se trata de una degradación: Veo como el ser humano del siglo XXI ya
no se pregunta ¿Quién soy?, ¿de donde vengo?, ¿a donde voy?; ahora se pregunta
solamente ¿Soy?, y el “ser” esta supeditado a sentirse parte de ese
monstruo informe de la cultura moderna, que exige toda una gama de ritos,
actitudes y modo de vida. Los condicionantes previos a su pertenencia pueden
ser; falta de coherencia, valores, humanismo, expectativas de futuro,
solidaridad, justicia, sensación de vacío, hastío, alienación, ansiedad,
búsqueda de identidad, etc.
Si somos "fatalistas", podemos imaginar un mundo
futuro con valores muy distintos a los de estos tiempos, que en verdad
desdibujarán el concepto o visión actual que tenemos de lo humano. Podemos ver una
sociedad degradada a si misma, y quizá perdiendo un motivo que le sea realmente
solvente para saber el porque existir y porque luchar.
Por ello creo que es de alcance autodestructivo; porque podemos ver al
mundo precipitarse negligentemente hacia algo parecido a la Babilonia bíblica,
y por ello es posible preguntarse; ¿es que en verdad los escritores bíblicos
Daniel y Juan vieron el futuro?. (Lectura recomendada: Daniel y el Apocalipsis,
Ed. “Vida” – Sunshine Ball).
Quizá sea mejor pensar en un ciclo con tiempos milenarios futuros de
cambio y avance, que después de todo aunque con el sacrificio de generaciones
donde ha prevalecido la injusticia, la represión, la sangre y la muerte, el
hombre ha “sabido” mantenerse y "progresar" a lo largo de su vida
como civilización, y porque la esperanza tiene un carácter de necesario para el
hombre, pienso que lleva en si algo que le es inherente; que se llama lucha por
ideales, y lucha por evolucionar culturalmente.
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